Sobre la carta de Javier Bardem

06/Ago/2014

ABC, España, ÁNGEL MAS MURCIA

Sobre la carta de Javier Bardem

Resulta inevitable:
échense a temblar cuando ciertos personajes mencionen en un artículo sus
múltiples amistades judías, pues lo que normalmente está por seguir será un
virulento, desproporcionado y sectario ataque contra el Estado de Israel.
No inventa nada nuevo
Javier Bardem usando este truco en su reciente nota sobre el conflicto de Gaza.
Está en el manual de todos los deslegitimadores del (único) Estado judío y
suele venir acompañado de alguna referencia a cierto amigo judío (sin nombre)
igualmente horrorizado por las acciones diabólicas de un estado que no lo
representa.
La verdad es que no sé a
dónde quiere llegar a parar con esto Bardem. Bueno, sí: quiere demostrar que
criticar a Israel no es ser judeófobo, pues hasta algunos judíos lo hacen. Que
vendría a ser lo mismo que decir que criticar hasta la irracionalidad y con
cualquier excusa a España no es ser anti-español porque hay españoles que
también lo hacen. No cuela.
Bardem tiene una larga
historia de deslegitimar, demonizar, deshumanizar y usar doble rasero en su
crítica a Israel. Esas cuatro des denotan hoy una forma políticamente correcta
de expresar el odio a los judios enmascarado en la crítica feroz al estado que
los protege: Israel.
Solo con esta fijación
enfermiza se puede entender la exigencia hacia Israel de que un conflicto de
estas características evite víctimas civiles, obviando los ingentes esfuerzos
de su Gobierno por minimizarlas. O la indignación selectiva por la terrible
muerte de no combatientes árabes, siempre que esos cientos lo sean en un
conflicto con Israel, y no los casi doscientos mil que han perecido en la
guerra intraárabe en Siria a unos cuantos cientos de kilómetros.
Se puede criticar
legítimamente a Israel. Pero huele raro que se endose la responsabilidad, no ya
compartida, sino única, a Israel, sin ni siquiera mencionar el pequeño detalle
de que un grupo terrorista y yihadista gobierna Gaza infringiendo cualquier principio
humanitario, usando a esos civiles como escudos humanos y disparando sus
misiles desde edificios de viviendas (mientras sus dirigentes viven cómodamente
en Qatar, huéspedes de su jeque).
Bien pensado, no es
difícil desenmascarar a un antisemita: indefectiblemente sacará a pasear
frívolamente el término «genocidio», con tan profundo significado para el
pueblo judío. No se qué le haría un ruandés al actor si le escuchara hablar de
«exterminio» en un territorio que hace cuarenta años contaba con trescientos
cincuenta mil habitantes, y hoy, con un millón setecientos mil. En una
operación que hasta hoy ha ocasionado mil víctimas, las mismas que se cobran en
Siria en día y medio de combates.
La (inevitable) salida a
la palestra de Bardem, junto a otras luminarias como Willy Toledo, nos recuerda
su responsabilidad en este conflicto y en estas muertes. ¿Se acuerdan de su
relevante papel en la Flotilla a Gaza? ¿La urgente necesidad de paliar la
crisis humana en un territorio que ha recibido desde 1993 casi diez mil
millones de dólares en ayuda humanitaria? ¿La necesidad de que Israel
permitiera la importación de más cemento para su «reconstrucción»?
Parece que al final sí
había cemento. Unas 800.000 toneladas. Pero fueron a parar a la construcción de
túneles.¿Para proteger a los civiles de bombardeos? No, los túneles de Hamás,
gracias al apoyo de estos «intelectuales y artistas», han servido para
almacenar armas y para ejecutar ataques terroristas contra Israel. Construir
estos túneles con mano de obra infantil costó la vida a 160 niños palestinos,
según el think tank palestino IPE.
¿Duerme bien Bardem con
todo ello, o las apelaciones a la conciencia son solo para la de los demás? De
entrada, no parece importarle seguir siendo referente de un movimiento antiisraelí
que confedera a nazis, yihadistas, batasunos, integristas judíos (que los hay)
y antisistemas varios. Frente a ellos, la posición de la única democracia de
Oriente Medio y su derecho a defender a sus ciudadanos de dos mil doscientos
misiles lanzados contra sus ciudades, piense lo que piense Bardem desde el
lujoso confort de su residencia.
Comenzábamos con los
amigos judíos de Bardem. Y el derecho que reclamaba para que su mujer pueda dar
a luz en hospitales judíos de Los Ángeles. Hospitales fundados, financiados y
dirigidos por judíos, sí. Por judíos sionistas, defensores de Israel. Basta ya
con querer ocultar su historia, sus patronos, su presencia pública. Sí, señor
Bardem, usted sabe que lleva a su señora a que la atiendan en hospitales de
personas a las que usted acaba de tachar de defensores de un estado genocida,
exterminador y asesino. ¿Cómo va hoy de indignación, señor Bardem? ¿Y de
coherencia?